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A seis años de su Pascua recordamos con gratitud el legado del Padre Antonio Casarín Manzán

  • Foto del escritor: Javier Ignacio Matus Miranda
    Javier Ignacio Matus Miranda
  • 20 abr
  • 2 min de lectura

Hoy recordamos con gratitud y emoción la Pascua del querido Padre Antonio Casarín Manzán, sacerdote orionista que dejó una huella profunda en la vida de nuestra Iglesia y, de manera muy especial, en la ciudad de Los Ángeles.


Nacido el 27 de septiembre de 1935 en Visnadello, diócesis de Treviso (Italia), el Padre Antonio consagró su vida al Señor siguiendo el carisma de San Luis Orione. Realizó su primera profesión religiosa en 1954, su profesión perpetua en 1960 y fue ordenado sacerdote el 15 de septiembre de 1964. Años más tarde, en 1973, llegó a Chile como misionero, tierra que hizo suya con entrega total.


Gran parte de su ministerio lo vivió en Los Ángeles, donde no solo acompañó espiritualmente a comunidades enteras, sino que también fue un incansable impulsor de obras concretas de caridad. Entre ellas, destaca con fuerza la construcción y desarrollo del Hogar de Ancianos Don Orione, signo vivo del amor preferencial por los más pobres, los enfermos y los abandonados.


El Padre Antonio no solo construyó muros, sino también dignidad, esperanza y familia para tantos abuelitos que encontraron en el hogar un lugar donde ser amados. Su vida fue reflejo fiel del corazón de Don Orione: “hacer el bien siempre, el bien a todos, el mal nunca a nadie”.


En esta fecha del año 2020, mientras era atendido en la residencia del Pequeño Cottolengo de Cerrillos, partió a la Casa del Padre, dejando una profunda huella y consternación en todos quienes compartieron con él su vida y misión.



A seis años de su partida, su legado sigue más vivo que nunca. Durante esta jornada, hemos celebrado la Eucaristía en su memoria, dando gracias a Dios por su vida, su testimonio y su entrega generosa, renovando también nuestro compromiso de seguir sirviendo con el mismo amor que él nos enseñó.


“Su vida fue una verdadera predicación de la caridad, no solo en palabras, sino en gestos concretos que tocaron la vida de los más pobres y abandonados. Él entendió profundamente el corazón de Don Orione y lo hizo vida entre nosotros”, expresó el Padre Juan Daza Jara, director de nuestro ELEAM.


Asimismo, añadió que “recordarlo hoy no es solo hacer memoria, sino renovar nuestro compromiso de seguir sirviendo con la misma entrega y ternura que él tuvo, especialmente con nuestros adultos mayores, donde su presencia sigue siendo un legado vivo”.



Cada gesto de cuidado, cada sonrisa compartida con nuestros adultos mayores, cada acto de amor silencioso en el Hogar Don Orione, lleva algo de su espíritu.


Padre Antonio, ¡tu misión continúa en nosotros!


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